No toda la fruta se queda en...
Paseo la ciudad y encuentro a mi paso rostros jóvenes, optimistas, llenos de esperanza que beben un café a la sombra de Virgilio Piñera, Carpentier, Hemingway, Rimbaud, y conversan entre todos buscando una nueva esperanza, una razón otra para seguir adelante con sus vidas porque siempre hay una solución.
Es un día gris, llueve, pero en los rostros de las muchachas está todavía la iluminación de que se puede más, que todavía pueden enamorarse y descubrir en los otros, un destello de deseo que los llevará del café al aroma y de vuelta a la autoexploración, porque a pesar de ser un día gris, esos muchachos y poetas siguen sonriendo, esperando una buena noticia, compartiendo entre sí los últimos versos que salieron de su pluma.
Mientras paseo la ciudad bajo este día gris, pienso en cuántos criterios puede formarse una persona que como yo, observa a los demás y descubre en ellos lo que tal vez ellos mismos no han descubierto, alejo las críticas y los juicios malsanos; me dedico únicamente a observar, a buscar en ellos esa característica que los convierte en deliciosos seres humanos a la espera de que este día acabe, pero iluminado, porque en realidad no toda la fruta se queda en la cáscara...
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