Una jauría con sentimiento agazapado.

Encontrar una forma de transmitir conocimientos, es siempre un dilema, en especial si se quiere que estos lleguen de la manera más emotiva posible donde el destinatario.
Sin embargo, Jauría en Viñales (Matías Maragoto, Colección El Fausto, Ed.Loynaz, 2008) consigue, ardides narrativos mediante, ese propósito loable de enseñar aquella parte de la historia local, solo perdurable en el recuerdo de protagonistas de carne y hueso, sus descendientes, o lo más cercanos a estos interesados en el devenir del sitio donde viven.
Relatar de tal suerte, un período tan cruel como lo fue, los gobiernos títeres de los Estados Unidos en Cuba durante la República, especialmente el de Machado y la repercusión política que éstos provocaron en localidades tan pequeñas como Puerto Esperanza y Viñales, no pone al descubierto solo esa verdad de Perogrullo sobre lo codicioso del ser humano, demuestra también el tránsito cruento y esforzado que ha sido la conformación del cubano actual. En tanto el rejuego entre esa realidad y el personaje del Chino Suárez redimen, al servicio del mejor postor, la decisión del hombre, debido al propio compromiso familiar, cívico, la asunción de sus miedos, valores, yerros; desmitificando aquella generalidad de vileza que a través de los años la historia ha endosado siempre al hombre que ocupó las filas contrarias.
Empero, a pesar de la fluidez narrativa, las mudas espaciales vienen a salvar una parte densa de la historia, que lejos de mayores intentos, refuerzan y socavan –esto en menor medida– la diégesis en sí. ¿Por qué la socavan? Debido propiamente a la densidad, a lo irresoluto del crimen del segundo acto y la intromisión de un personaje como Verena, nada que ver con los sucesos anteriores ni posteriores; pero todo ello se diluye después en la dinámica de narrador-texto, gracias a la imagen cinética, trifulcas, peleas, en fin, el movimiento que desestanca; no obstante del diálogo político ante Monseñor Reigadas que pudo aprovecharse con más suspicacia y sin la salida parca con que aquí se soluciona.
Si alguna reflexión debo a este texto de Matías Maragoto, es respecto al epílogo, como una sinopsis innecesaria, excepto para establecer una brecha entre lo leído y esos sentimientos expuestos. Aunque no concuerdo con tal cierre, no es a diario que saca uno del alma tantos sentimientos agazapados.
