Debajo de cualquier piedra… otra Cuba
Tal vez porque aquella mañana buscaba algo diferente, observé al viejo limpiabotas y desde la distancia, decidí que ya era hora de un lustre, total tiempo más o menos, poco tendría de qué hablar con aquel señor que mesándose las canas, intentaba espantarse el frío que sus huesos ya comenzaban a increparle. Tomé asiento en la butaca decidido a hacer silencio y simulé leer un prospecto de medicina que había adquirido el día anterior, asintiendo o disintiendo según la explicación del mismo.
“¿Qué tu dices, chico?”
“Nada, hablo con este papel porque a veces uno toma medicina y no sabe ni la cantidad que se toma”
“Lo que son las cosas de la vida, carajo, tu eres un niñito, todavía puedes trabajar en el campo cantidad”. Dijo él e hice silencio respetando sus canas, y ambos nos quedamos observando una larga fila de personas que recién abandonaran un transporte ocasional para llegar a la ciudad. No obstante se imponía la réplica.
“Sí pero en el campo no trabajo para nadie”. Dije, por supuesto, a la espera de su comentario.
“Por eso este país está como está, viejo, ya nadie quiere trabajar en el campo”
“Sí; pero es que todo el mundo no puede ser universitario”
“Eso digo yo”. Dijo y levantó los brazos como si buscara apoyo desde lo alto. “Es que tiene que haberlos analfabetos, semianalfabetos, universitarios, semiuniversitarios, pero alguien tiene que producir, oye la culpa de lo que ha pasado la tiene el país”.
“Bueno, pero es que no se borran cincuenta años en un día, y aunque usted tiene razón, no es fácil darse cuenta de un error cuando se comete. ¿Vio toda esa gente que venía en el camión?, ¿cuánto se dejó de producir hoy por esos que vinieron?”
“Sí, pero ellos vienen a resolver problemas a la ciudad”
“¿Y los que venden dólares también, y los que están en el parque discutiendo de pelota, y los que se pasan calle arriba y calle abajo? En fin, maestro que esta inflación no hay quien la arregle… Por suerte todo parece indicar que el Banco Internacional del Alba nos va a resolver parte del problema, que están pensando en hacer una única moneda para América Latina…”. Dije creyendo haber concluido aquel capítulo.
“¿Sí, cuál?”
“No sé, el Sucre tal vez…”
“Mira eso no nos va a resolver nada, mientras los Estados Unidos siga teniendo la moneda que tiene, eso es por gusto, oye, esa gente coge catarro pero se les pasa, y aunque tienen crisis, van a pasar esa y van a volver a tener el poder, porque es que su moneda es fuerte, imagínate”.
Hice silencio, pagué y volví sobre mis pasos, intentaba sopesar su criterio sin quitarle la razón ni parcializarme por lo contrario. Cierto, sería imperdonable no reconocer la fortaleza económica de los Estados Unidos de América, como lo sería también pensar que no serán capaces de sobrepasar la crisis que ahora los acosa.
No obstante, la idea de una sola moneda que pudiera circular en toda la América Latina me emociona, pues será para los cubanos nuevas esperanzas de que la intencionada integración de las Américas se concrete.
Integrar a Cuba a este tipo de proceso de una única moneda, es una idea muy beneficiosa, claro está, a través de limar estructuras y sumar cambios. Me refiero no solo a la amplitud de posibilidades que abriría el tránsito de una moneda única identificada e identificable para el ciudadano de a pie de la América Latina, sino también a una desestabilizante revaloración en la ley oferta-demanda; en el mercado cubano interno –rebaja de los precios, equiparación de los salarios, accesos reales e inmediatos a parte o todos, de los proyectos financiados por el Banco Internacional del Alba, libre movilidad ciudadana entre Cuba y América Latina, entre otras muchas que pudiesen pensarse. Es posible también que tal desbalance provoque al principio un caos en el orden socioeconómico de la isla, pues el replanteamiento de un estilo de vida instaurado desde hace 50 años no desaparecerá de manera inmediata, el condicionamiento producido por la inmovilidad, la repetición de procesos socioculturales y políticos, han dado lugar por contar con dos ejemplos palpables, al estancamiento o la migración, dejándonos como consecuencia por ejemplo, una población demográficamente envejecida, ya que al sumar causalidades, la falta de seguridad económica, de desarrollo y el incremento cultural derivado de estos procesos, sitúan en los individuos una reconcepción para reproducir desde planos muy discutibles.
El replanteo de los proyectos personales de vida sin embargo, estará condicionado por una alternativa real y drástica, que modificará la cosmovisión del cubano actual.
Tengo fe, porque no me queda otra opción y siendo sincero conmigo, es mejor vivir de esperanzas. Mucha agua tendrá que correr todavía para que podamos accionar en personas como el lustrador de zapatos, sin encasillarnos en un posición, criterio, o perspectiva. Pero como dice el refrán, debajo de cualquier piedra… tal vez otra Cuba.
