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Contra todos los vicios

Bajo la lluvia en la Ciudad de Nadie

Bajo la lluvia en la Ciudad de Nadie

     Fue una tarde feliz, el pasado jueves 9 de Octubre, en el Centro de Promoción  y Desarrollo de la Literatura Hermanos Loynaz, de Pinar del Río,  a pesar de la llovizna que amenazaba interrumpir la presentación de Ciudad de Nadie, poemario de Nelson Simón, poeta emblemático de la ciudad vueltabajera.

            Se dieron cita allí un grupo de amigos, profesores e intelectuales en general, que degustaron a través de la disertación del poeta el recuento de cómo, amén de las condiciones en las que fue gestado su primer poemario -Ciudad de Nadie-, subsistió al tiempo, su historia, las épocas que sobrevinieron y que ahora, dejaba al parecer de los lectores.

Fueron también palabras del poeta que la permanencia de los poemas –en su mayoría sin cambios- se mantuvieran tal y como los concibió en aquella etapa donde junto a ellos, atravesaba un tiempo difícil e inclemente, que no logró quitarle las esperanzas de seguir creciendo y creyendo en que la poesía era el anhelo, su arma de combate, la vida que debía esperar a pesar de todas las barreras, porque su territorio, el área marcada por su poética desde aquellos momentos hasta la actualidad habrían de demostrarle que a pesar de la llovizna, solo él en una Ciudad de Nadie, sería capaz de salvarse y salvar a los transitaron el mismo camino.

 

 

Tradición de una poetiza.

 

 

No fui yo ciertamente

de aquellas que alcanzaron tal honor,

porque las gentes que yo vi nacer

en verdad fueron siempre demasiado felices;

y ya se sabe, no es posible

serlo tanto y también otras

hermosas cosas.

Dulce María Loynaz.

(fragmento)

             Aunque un poco tarde tal vez, los buenos comentarios no deben dejarse pasar, por ello relato aquí el suceso del 24 de septiembre de 2008 en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, de Ciudad de la Habana.

            Y resultó que nos vimos reunidos a las 5.00 de la tarde entre un grupo conocido y desconocido a la vez, convocados por María del Carmen (heredera de la poetisa Dulce María Loynaz) y los dos centros que hoy llevan su nombre, el de Pinar del Río y Ciudad de la Habana.

            Conformando un grupo heterogeneo, como cada 24 de septiembre celebrara la poetisa de marras el día de la Virgen de las Mercedes, esta vez, como homenaje a ella y en su nombre, continuó la tradición. Se dieron cita allí la Dra. María Dolores Ortiz y familia, Waldo Leyva, Juan Ramón de la Portilla Negrín, Edel Morales, Nestor Montes de Oca, entre otros importantes intelectuales del territorio nacional, que acudieron a recrear una vez más las memorias y el continuado estudio de la obra loynaciana. Así también Nestor Montes de Oca, diseñador del Centro de Promoción y Desarrollo del Libro y la Literatura  Dulce María Loynaz, de Pinar del Río, disertó sobre la nueva composición plaquette de Últimos días de una casa, testamento poético que describe con increíble lirismo todo el tránsito emocional que sucitara la convivencia.

            Fue una tarde maravillosa, en la que no faltó la nueva convocatoria para el próximo septiembre, deseando que otros amigos, conocidos, estudiosos estén presentes, sumergidos también en una voz poética, en un sentido lírico que nos avoque a revisitar el pasado para conocer el futuro.

 

El triangulo de las Bermudas en Colón Sur. Ahogarnos en nuestro desatino

Hasta hoy, el tema del café literario, o mejor, para no desvirtuar el tablón que lo anuncia, la casa de las infusiones, ha sido tratado por la prensa local, pero quedó sin seguimiento, tal vez por aquello que he comentado en otras ocasiones, la censura.  

La verdad es que cada día, la situación va de mal en peor, me referiré aquí al triángulo escaleno de Colón Sur y Máximo Gómez –tal es la dirección real– que conforman los tres establecimientos, pertenecientes a la empresa de Comercio: Casa de las Infusiones, Hamburguesería y Dulcería. En este caso reseñaré solo los dos primeros.

Soy un cliente fiel, como yo, de manera regular me acompaña algún amigo a quien invito o me invita, pero en los últimos meses, hemos perdido el gusto por visitar la hambuguesería, el servicio es demorado, tanto que podemos reinstalar todo el disco duro de un ordenador mientras esperamos por el servicio, los dependientes son lentos y por lo general, el trato es ineficiente en cuanto a que se trata de un gastronómico, alguien que trabaja con público, eso, contando también porque con el cambio de turno, casi nunca el equipo que empieza abre realmente a la hora anunciada.

De ello hay poco que objetar, porque al no ser por la forzada situación de encontrar algo rápido que merendar para volver al trabajo o porque vamos de paso, allí se llegó al máximo de la ineficiencia.

Un caso muy similar, pero más complicado es justo enfrente. El café literario, para algunos, o la Casa de las Infusiones para sus administrativos, no acaba o no quiere asumir el rol social que realmente le pertenece.  

No se trata solo de vender café, té, o cualquier otra infusión en su variedad, siquiera la nueva vallija y pintura que necesitaban y de cierto le dan vida al lugar. Otras cuestiones hacen del sitio un organismo en degeneración; se trata de aceptar que un café literario no se hace con prohibiciones.

El cambio de mobiliario no favoreció del todo, antes las mesas no solo permitían acomodarnos como quisiéramos, con el grupo de nuestro agrado. Se rompen sí, como todo lo fabricado por el hombre para un tiempo limitado con o sin conciencia, pero el cambio no fue mejor.

El mobiliario actual no solo impide la comunicación, pues parecen más dispuestas para jugar una simultánea de ajedrez que para el hecho de beber una infusión en la complicidad de las conversaciones, sino también que cuando el grupo es de cinco, no de cuatro como tienen contabilizado por defecto, entonces la familia se fragmenta y esto, sabemos, que es fatal.

De otro lado, están los dependientes encargados de custodiar la puerta que  prohíben la estancia de pie dentro del recinto, cuando bien podría turnarse el asiento entre los grupos que asisten por costumbre. Allí también se corre el síndrome de la demora, con una máquina reparada que a pesar de la medida expende más un líquido oscuro que el café aromático y reparador que conocemos.

Varios de los equipos que allí trabajan dan lo mejor de sí, pero a veces es imposible desde mi posición de consumidor, aceptar la justificación a la ineficiencia. Que la máquina sea vieja sin poderle sacar el potencial requerido, que las sillas sean ortopédicas, que la administración prohíba la estancia de pie dentro del local, que en ocasiones el servicio sea demorado y en la generalidad de mala calidad, no justifica bajo ningún argumento la diaria decadencia, ni la falta de objetividad para enfrentar lo más básico de la ley de oferta y demanda.

Además de los artistas allí asiste otro público, tan variado y heterogéneo como el primero que necesita el recreo y esparcimiento para el que este inmueble fue rediseñado en la actualidad.

El nombre lo hace la gente, el público, y en verdad, no le queda lo de Infusiones, tal vez Café Baragaño, como lo bautizaran los promotores y espacios culturales que allí se desarrollan. Además de poético, como café literario al fin, es también rendir homenaje al poeta de la ciudad, José Álvarez Baragaño.

Los pinareños llevamos, nos guste o no, un “cartel” doquiera transitamos, pero son estas las cosas que obligan a que no se acabe la tradición, el dicho, el hecho mismo de confrontar con antagonismo nuestra realidad.

Nos va quedando aprender a luchar por lo que en verdad queremos, lo que vale y brilla por su calidad, eficiencia, responsabilidad ante la tarea que se nos asigna.

Ejemplos como el triángulo escaleno de Colón Sur y Máximo Gómez, sobran en Pinar del Río,  comienza ya, de urgencia la hora del despertar o terminaremos por ahogarnos en nuestro desatino. 

 

De artistas y artistas

 

Durante la noche del miércoles 3 de septiembre de 2008, la televisión cubana, durante la emisión del Noticiero Nacional de Televisión, la noticia de que siete (7) brigadas artísticas de la capital, conformada por escritores, actores y actrices, entre otros,  harían un recorrido por los municipios azotados por Gustav.

La noticia me dejó consternado, pues la idea es buena; pero, ¿alguien pensó en que Pinar del Río a pesar de la afectación del huracán, tiene sus propios artistas?, ¿acaso no puede el territorio pinareño brindar su arte en esos municipios tal y como la capital ha pretendido asumirlo?

Puede ser que el desastre atmosférico haya dejado estragos, nadie lo duda porque la realidad está ahí, es palpable, pero una cosa es llevar un poco de esperanza a gente que en realidad lo necesita, y otra bien distinta, suponer por quienes dirigen tales esferas (la cultural en este caso) que no pueden o quieren realizar dichas acciones.

Los tiempos actuales, más ahora, requieren sobre todo de un ahorro verdadero y consciente, y de que cada región se preocupe primero por sí misma, después por las demás, hasta que así lleguemos todos a un punto en común. Ahora que el país necesita ahorrar más que nunca, ¿no es un gasto mayor transportar esas siete brigadas artísticas hasta los municipios afectados, que orientar a los encargados de tales menesteres en Pinar del Río, acometer esta tarea?, ¿no es más fácil contribuir a escala local con el resto de nuestros conciudadanos desde la capital provincial?

Por supuesto, algún(os) creadore(s) pinareño(s) pudieron ser afectado por Gustav, pero no todos.

Los artistas de Pinar del Río también, pese a las limitaciones generales, brindan lo mejor de sí cada vez que se suben al escenario, sea este del tipo que sea. Situaciones como estas no deben repetirse, pues no solo demeritan el trabajo de los municipales sino que limitan a la comunidad de conocer sus propios valores y con ellos, la creatividad que los acompaña en momentos que como éste, cualquier atisbo de aliento es necesario.  

Gustav

Desde que tengo memoria, no recuerdo haber vivido un huracán como Gustav; el panorama es sencillamente devastador.

Los mayores hablan del 44, sin embargo no hay tiempo mejor que el que nos toca vivir. Por suerte, no hubo pérdida de vidas humanas que lamentar, eso sí, demasiado desastre natural, una gran parte de lo cosechado durante años por manos trabajadoras y constantes, se ha perdido.

Después de las imágenes que la televisión cubana ha transmitido una y otra vez, no puedo más que solidarizarme –como buen cubano– con aquellos que hoy vuelven a empezar.

Me es imposible, sobre este tema, cualquier otro comentario

¿Salvarnos o seguir el juego del sacrilegio patrimonial? He ahí la cuestión.

 

Desde las pasadas “fiestas populares” de 2008, la gerencia de Cubalse tuvo la idea de utilizar el vetusto inmueble de lo que fuera “La Popular”, comúnmente conocida por Ferretería Canosa en Pinar del Río. Limpiaron, adornaron, de alguna manera “revitalizaron” el lugar, lo que pareció en aquel entonces una emprendedora ilusión, que ayudaría a cambiar el aire del “nuevo proyecto” carnavalesco.

Aunque la idea tuvo sus ganancias, no puede decirse que fue del todo feliz, pues como alternativa para mantener activa una parte de la ciudad en el festejo de marras, estaba bien. Pero una cosa bien diferente sería cuando tras las referidas, la instalación no solo devino centro de reunión por parte de los jóvenes, sino también una demostración de poca conciencia cívica manifestada en la suciedad de la calle tras el jolgorio y de vez en cuando, ciertas manifestaciones públicas de lenguaje trastocado y ofensivo.

Por otro lado, la esperanza de quienes pensaron ver reconstruida un pedazo querida de la ciudad y su patrimonio se vio desplazada,  dando lugar a lo que hoy, quienes disfrutan dentro del establecimiento con perímetro de perilets denominan: El Capri; otros con un sentido más irónico del hecho: la perrera.

No es necesario que volvamos a la historia, muchos de los residentes todavía recordarán aquel sistema de cobro por tuberías de aire –uno de los tres restantes en América Latina-que fascinaba a los visitantes, y el mostrador de madera preciosa que permaneció durante años soportando el peso de nuestros cuerpos en espera de la decisión acertada para comprar.

Ya nada de eso es real, en aquellos lugares donde antes disfrutamos de las producciones nacionales, calzados, perfumería, quincallas, entre otras ofertas en moneda nacional, vemos hoy, los mismos productos mejorados pero en divisas, debido por supuesto, a la situación que entonces hubo de enfrentar el país.

Entonces cabe preguntarse, si tanto pueden hacer las empresas, gerencias, etcétera que operan en divisas: ¿por qué dejar que un patrimonio tan valioso como Canosa, llegara al estado deplorable a que llegó?, ¿qué hicieron Patrimonio, Planificación Física y el resto de los organismos implicados en salvaguardar nuestro patrimonio material?, ¿acaso no era tan importante invertir en este inmueble como en otros?, ¿bastaba con maquillarle la cara a la ciudad para no enfrentar la debacle y la crítica inevitables?

Este tipo de situaciones no requieren de un culpable, sino de que hecho el daño, es imprescindible al menos, crear los espacios necesarios sin que ello afecte nuestro patrimonio, de lo contrario, dentro de unos años no tendremos nada que mostrar a nuestros hijos, ni visitantes, porque en aras de justificar el “desarrollo”, nuestro patrimonio tangible corre peligro, ojalá este no sea el inicio de un largo desaparecer patrimonial. Es hora hace ya, de que inculquemos en nuestros conciudadanos el interés por los valores arquitectónicos de la ciudad, de modo que esta tenga también una historia que contar desde sus inmuebles.

El hecho actual demuestra dos cosas fundamentales: la despreocupación por conservar nuestro patrimonio, amén de justificaciones, y la falta de espacios de encuentro para los jóvenes. Existen opciones: la Pista Rita –ya obviada por quienes todavía son jóvenes pero sobrepasaron la etapa adolescente-, la Plaza Provisional de la Revolución… ¿qué más?

¿Conocemos lo suficiente a nuestros jóvenes?, ¿hemos encuestado, tabulado, informado sus gustos, preferencias o necesidades de diversión y esparcimiento de modo que podamos planificar con verdadera claridad lo que se necesita?, ¿tiene la juventud realmente donde ir en Pinar del Río?

Hasta hoy, ningún medio de comunicación se ha proyectado total y concienzudamente sobre el problema en cuestión, cierto es que la prensa no está para asumir juicios críticos, pero llegado el momento, sobre todo tratándose de un patrimonio tangible como este, opiniones, preocupaciones y hasta determinado juicio personal bien pudieran ayudar a que no cometiéramos el sacrilegio de desarmarnos por partes, por ahora solo nos queda una pregunta, ¿salvarnos o seguir el juego del sacrilegio patrimonial? He ahí la cuestión.

 

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¿Salvarnos o seguir el juego del sacrilegio patrimonial? He ahí la cuestión.

Desde las pasadas “fiestas populares” de 2008, la gerencia de Cubalse tuvo la idea de utilizar el vetusto inmueble de lo que fuera “La Popular”, comúnmente conocida por Ferretería Canosa en Pinar del Río. Limpiaron, adornaron, de alguna manera “revitalizaron” el lugar, lo que pareció en aquel entonces una emprendedora ilusión, que ayudaría a cambiar el aire del “nuevo proyecto” carnavalesco.

Aunque la idea tuvo sus ganancias, no puede decirse que fue del todo feliz, pues como alternativa para mantener activa una parte de la ciudad en el festejo de marras, estaba bien. Pero una cosa bien diferente sería cuando tras las referidas, la instalación no solo devino centro de reunión por parte de los jóvenes, sino también una demostración de poca conciencia cívica manifestada en la suciedad de la calle tras el jolgorio y de vez en cuando, ciertas manifestaciones públicas de lenguaje trastocado y ofensivo.

Por otro lado, la esperanza de quienes pensaron ver reconstruida un pedazo querida de la ciudad y su patrimonio se vio desplazada,  dando lugar a lo que hoy, quienes disfrutan dentro del establecimiento con perímetro de perilets denominan: El Capri; otros con un sentido más irónico del hecho: la perrera.

No es necesario que volvamos a la historia, muchos de los residentes todavía recordarán aquel sistema de cobro por tuberías de aire –uno de los tres restantes en América Latina-que fascinaba a los visitantes, y el mostrador de madera preciosa que permaneció durante años soportando el peso de nuestros cuerpos en espera de la decisión acertada para comprar.

Ya nada de eso es real, en aquellos lugares donde antes disfrutamos de las producciones nacionales, calzados, perfumería, quincallas, entre otras ofertas en moneda nacional, vemos hoy, los mismos productos mejorados pero en divisas, debido por supuesto, a la situación que entonces hubo de enfrentar el país.

Entonces cabe preguntarse, si tanto pueden hacer las empresas, gerencias, etcétera que operan en divisas: ¿por qué dejar que un patrimonio tan valioso como Canosa, llegara al estado deplorable a que llegó?, ¿qué hicieron Patrimonio, Planificación Física y el resto de los organismos implicados en salvaguardar nuestro patrimonio material?, ¿acaso no era tan importante invertir en este inmueble como en otros?, ¿bastaba con maquillarle la cara a la ciudad para no enfrentar la debacle y la crítica inevitables?

Este tipo de situaciones no requieren de un culpable, sino de que hecho el daño, es imprescindible al menos, crear los espacios necesarios sin que ello afecte nuestro patrimonio, de lo contrario, dentro de unos años no tendremos nada que mostrar a nuestros hijos, ni visitantes, porque en aras de justificar el “desarrollo”, nuestro patrimonio tangible corre peligro, ojalá este no sea el inicio de un largo desaparecer patrimonial. Es hora hace ya, de que inculquemos en nuestros conciudadanos el interés por los valores arquitectónicos de la ciudad, de modo que esta tenga también una historia que contar desde sus inmuebles.

El hecho actual demuestra dos cosas fundamentales: la despreocupación por conservar nuestro patrimonio, amén de justificaciones, y la falta de espacios de encuentro para los jóvenes. Existen opciones: la Pista Rita –ya obviada por quienes todavía son jóvenes pero sobrepasaron la etapa adolescente-, la Plaza Provisional de la Revolución… ¿qué más?

¿Conocemos lo suficiente a nuestros jóvenes?, ¿hemos encuestado, tabulado, informado sus gustos, preferencias o necesidades de diversión y esparcimiento de modo que podamos planificar con verdadera claridad lo que se necesita?, ¿tiene la juventud realmente donde ir en Pinar del Río?

Hasta hoy, ningún medio de comunicación se ha proyectado total y concienzudamente sobre el problema en cuestión, cierto es que la prensa no está para asumir juicios críticos, pero llegado el momento, sobre todo tratándose de un patrimonio tangible como este, opiniones, preocupaciones y hasta determinado juicio personal bien pudieran ayudar a que no cometiéramos el sacrilegio de desarmarnos por partes, por ahora solo nos queda una pregunta, ¿salvarnos o seguir el juego del sacrilegio patrimonial? He ahí la cuestión.

 

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UNA TIERRA QUE TAMBIÉN PUDO SER PARÍS.

 

 

Todo parece indicar que se ha vuelto recíproca en espectáculos la entrega por parte del teatro y de la Oficina de Giras Nacionales, a los pinareños que esperaron tanto tiempo su reapertura. Desde entonces la oferta ha sido variada, que es en realidad lo que cuenta, si es buena mejor; pero lo importane es que existe.

Así lo demostró el Teatro José Jacinto Milanés con su lleno total en las noches del 2 y 3 de Julio de 2008, con la puesta en escena de seis coreografías distintas y distantes, interpretadas por el Ballet de Camaguey. Suerte para los residentes que pudieron disfrutar de un espectáculo original, agradable, con una muy decorosa interpretación de manera general, que lograron arrancar del público en varias ocasiones los vivas y bravos coreados por los presentes.

Coreografías como Muñecos (Pas de Deux), El hada de las muñecas (Pas de trois) y Le Jazz hot, dejaron una impresionante huella en el público por la calidad, limpieza, y dramaturgia en su interpretación, lo cual confirmó a los pinareños una vez más el indudable nivel de autoexigencia, profesionalidad, ejemplo e inspiración que estos bailarines traen al escenario ante espectadores casi familiares, como si fuera siempre la primera vez.

Lamentablemente otras obras como, Vals y Majísimo demostró inseguridad en el trabajo en equipo, dejando sucia una ejecución que pudo ser mejor; pero vamos, no toda la fruta se queda en la cáscara, tampoco ayudaron las condiciones técnicas del escenario en cuanto a espacio, pues sabemos que la ejecución del ballet por sus características requiere de un espacio determinado donde la elegancia y limpieza de la técnica danzaria pueda lucir por sí sola. No obstante Pinar del Río aplaude el tremendo esfuerzo que tal vez debieron hacer los camagueyanos para readaptar el espacio, en aras de ofrecer a los espectadores lo mejor de sí.

Quien haya presenciado el ballet, mágico, sempiterno, de seguro quedó como este redactor, deseando más, una segunda oportunidad para repetir el hot jazz y las historias en una tierra que también pudo ser París.