La proximidad de las tempestades.Poemas, Cuentos y algunos comentarios.

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Mis estimados lectores,

Primero les pido disculpas por la tardanza en la actualización de esta bitácora, otros asuntos de urgencia y de especial interés me han mantenido alejado de la redacción. No obstante para compensarlos por la ausencia, ahora les dejo mis comentarios sobre las últimas publicaciones de la Editorial Hermanos Loynaz en Pinar del Río, próximas a salir a la venta en la XVIII Feria Internacional del Libro en esta ciudad. Y como he de reconocer que aún no domino bien el manejo de mi weblog en http://www.ciberopinionliteraria.blogspot.com, quiero compartir con ustedes estas pequeñísimas reflexiones a propósito de la feria que se avecina. Aquí también les voy a deber las imágenes.

Creo que lo más prudente sería transitar por opiniones generales para que tengan una idea de qué saldrá a la luz este año, algunos títulos como: Tiro de Gracia, de Javier Cruz Roque; Poemas como tangos, de Raúl Tortosa Rodríguez; Escuerzos, de Carmen Peña Hernández (Premio Hermanos Loynaz de Poesía, 2007) y Los niños no tienen cabeza; de José Antonio Linares. Y de los cuales solo comentaré tres, por parecerme más interesantes a pesar de mis opiniones. En cada caso, les dejo un fragmento y un par de poemas de estos libros, para que ustedes mismos puedan juzgar.

 

Poemas como tangos (Raúl Tortosa Rodríguez, Colección Laurel, Ed. Loynaz 2008), es un libro bellamente diseñado, que le hace honor al magisterio de Tortosa, y a esta poesía que supera con creces su anterior entrega –De sombra y soledades– a los lectores.

Tengo poco que decir, la poesía de Raúl habla por sí misma, pues aunque es difícil rellenar todos los espacios, la sensación que deja esta poesía es la de sentirnos fotografiados, con los mismos sentimientos, que existe una persona que nos conoce y entiende y puede ver más allá de nuestros propios problemas o desamor.

Hay un estilo y una voz propia en estos textos, que respetan la generación del autor y coquetea en el estilo de las nuevas generaciones, que no se detiene para decir inmerso en lo social en un contexto atemporal, útil al desamorado y al más amoroso de los hombres. La edad como una constante en esta lírica, está declarando el tiempo de fin, conclusiones a las que otros, habrán de arribar para cuestionarse los mismos temas, dudas e inquietudes. Así como aliciente, llegan estos poemas para salvar los nuevos aguaceros.

 

Al Lector

Si lees estos versos

porque no estoy para ponerlos en tu oído

piensa en una emboscada

o un bombardeo

donde el amor se muere a diario

sin que hagamos nada por él.

Chatila y Bagdad

son nombres de mujer que se desangran

donde el olvido iza velas

para dejarnos con menos.

Guantánamo y Abú Ghraib

son hombres abandonados por la esperanza

a mansalva del tiempo

en este mundo enfermo

de informaciones cotizadas y confusas

en el reducido margen del terror.

Si un día lees estos versos

y roza la pólvora tu aliento

piensa en Guernica o Solantiname

apuñalándonos el costado

en tanto disuelven un jazz en wisky

para que nos bebamos a poco

las lágrimas que nos tocan.

Si un día lees estos versos

de forma casual o porque sales a mi encuentro

sabes donde estoy

confundido entre las voces del pueblo

en una trinchera

o en pleno campo de batalla

con tu nombre en el pecho.

No dejo promesas

pero si vuelvo

seré el rostro reunido de los que se fueron.

De no volver

te dejo las flores de costumbre

la voz que no podrán apagar.

 

 

Escuerzos (Carmen Peña Hernández, Colección Laurel, Ed. Loynaz 2008). Ante todo, mis respetos a esta señora que mereció el Premio Hermanos Loynaz, 2007, un premio tan codiciado y respetado en toda Cuba.

Carmen Peña Hernández, tiene una poesía muy interesante, que logra captar aquellas esencias de lo más oscuro al interior del ser humano, de poner al descubierto una manera de lucha, persistencia, constancia ante la vida a pesar de lo duro y lo difícil. Creo que tiene mucho de experimentación –como casi toda la poesía– y que merece ser estudiado como patrón de comparación con otras poéticas. Aquí señores, además de talento, hay experiencia.

[.. .]aquellas banderas

de la patria, de la primavera.

Joaquín Sabina

En los actos que celebran en mi patria reparten banderitas cubanas que la gente, quiero decir, los convocados, ondean de una manera extraña. Yo casi nunca alcanzo. El bloqueo: el papel y la tinta. Los palitos. La estrella.

Decía que se impone un movimiento de atrás hacia delante que no es precisamente ondear. Ondear es otra cosa.

Cuando termina el acto, la marcha, la indignación, un mar de banderitas maltrechas, pisoteadas, alfombran la ciudad. Las recojo una a una y, en mi casa, entre mi madre y yo, las alisamos, les sacudimos las patadas.

Algunas veces se las regalo a mis amigos dentro de un libro. Las otras, las ponemos a ondear hasta que el sol de Cuba les come los colores.

 

 

Tiro de Gracia (Javier Cruz Roque, Colección El Fausto, Ed. Loynaz 2008) pretende ser un libro de cuentos que según la nota de contracubierta es un “Conjunto de relatos que atraen por marcar la diferencia, unidos por el erotismo y el amor y escritos con una evidente morbosidad en cuanto a la temática sexual”. Pero en mi opinión, no llega siquiera a la primera de las pretensiones, en tanto, la temática sexual sí, es llamativa, pero no supera el establishment de los que ya pululan en el mercado cubano, conocemos de sobra los ejemplos, y esa morbosidad, a la que deberíamos llamar ingenuidad escapa totalmente del nivel de realidad que pudo tener. Es sencillo, un hombre con una tremenda pasión por el sexo, la conquista, y el adulterio, consigue reunir en un período de su vida a tres mujeres que lo aman (Vansessa, Maricela, Monica), las mismas que han amado a otras mujeres y otros hombres; pero todo ese sentimiento no puede traducirse en otra cosa que locura, movimiento, ejercicio, dinámica que va quedándose parca a lo larga de estas historias, más que cuentos un intento de cuentinovela a partir de la propia conexión de sus personajes y de sucesos que van a relacionarse en un final mordaz e ingenuo de poco refinamiento literario.

Este es un libro totalmente predecible, que muestra un sexo facilista y el peor vehículo de conexión narrativa que el autor pudiera encontrar, la excitación, el terminar envueltos en el ejercicio sexual es siempre causado por una película porno. El narrador y los personajes hablan de la misma forma, no hay distinciones entre la posición de uno u otro. La psicología de los personajes no puede estar peor tratada. Vanessa descubre que su esposo es gay y se las desquita con el primo del mismo, o sea, que cualquier hombre que hubiese dormido dos días en su casa, correría la misma suerte, teniendo que cargar además con Vanessa por culpar a su esposo pero predicando moral en ropa interior, haciendo más adelante exactamente lo mismo. ¿Quién está confundido aquí, el autor, el narrador o los personajes?

Maricela en cambio, producto de un suceso de la infancia, aparece como el deus ex machina, y está allí en casa de Nestor y Vanessa, en una supuesta visita que termina complicándose en lo que ya ustedes saben… entonces, y aquí viene la parte más hilarante de esta historia, un personaje como Mónica, acepta una tarde de sexo, strip tease y cambio de vida, por diez dólares, cuyas acciones además, debe esconder de sus padres, de ahí a que después de venderse con total conocimiento de causa sienta pudor de que sus padres se enteren, no lo creo. Para colmo el padre Esteban, un personaje apenas explotado quien además de clérigo, tiene una idea autoajustable del pecado, pues aquello de no desearás la mujer de tu prójimo se viola no solo desde el nivel de realidad del narrador sino también desde el punto de vista literario. Está bien, es un corrupto con una corrupción totalmente injustificada dentro del texto.

Lo siento, pero no entiendo esto, pues claro, en pueblo chiquito infierno grande, pero con perdón del autor, aquí se le fue de las manos. Eso en cuanto a los personajes. Como libro, las sintaxis gramaticales no están bien construidas, no hay una poética ni metáfora bien puesta, las escenas descriptivas no tienen pasión ni ambiente, y las formas elocutivas, como dije antes, se confunden entre el narrador y los personajes.

Lamentablemente a Javier le faltó trabajo aquí, lástima que tendrá que cargar con este hijo durante un largo tiempo, aún más porque el escritor está ahí, demostrándonos el talento y la gran tempestad que pueden acarrear las proximidades a la prisa.

Fragmento:

(…)

Maricela hace una pausa. De nuevo sorbe de su vaso. Se despoja de la miniblusa y deja al descubierto sus senos escasa­mente sostenidos por unos ajustadores de encaje negro. Todos la miramos expectantes. Vanessa, sentada a mi derecha, tiene la mi­rada chispeante. Ménica también se inquieta. Dentro de la habita­ción reina el suspense como si de repente la vida se hubiera silen­ciado más allá de las paredes. Aprovecho estos instantes para ir al baño. Al regreso descubro que todas me observan como si lleva­ran un siglo esperando. Me acomodo en la posición anterior y veo a Maricela tratando de no perder el hilo de la historia.

Una vez que estuve dentro de la casa, Gloria me llevó hacia el cuarto. Me sentía nerviosa y a la vez seducida por el encuentro con lo desconocido. No quise llegar casta al matrimonio porque en lo más profundo de mi corazón deseaba ser poseída, pisar la tierra no explorada del sexo y las sensaciones que lo acompañan en sus instantes de locura.

Todavía recuerdo las tibias manos de Ernesto despojándome de la ropa. Gloria estaba sentada en un extremo de la habitación y desde allí rae observaba con un brillo inusitado en los ojos. Los espejos del escaparate reproducían lo que allí sucedía casi en el ocaso de la tarde. El muchacho comenzó a sobarme los pezones y luego acarició cada milímetro de mi cuerpo que ardía ante el im­perio de aquellas manos suaves y vigorosas. Por momentos miré a Gloria saboreándose hasta que vislumbré, desde mi posición en la cama, que ella se acariciaba las entrepiernas; luego no aguantó más su papel pasivo y se unió a nuestra hoguera. Al principio me molestó su intromisión, luego comenzaron a gustarme sus mimos y besos; entonces sin darme cuenta, Ernesto me desvirgó apenas sin dolor. Las horas volaron y de pronto la prima noche nos sor­prendió extenuados.

Las muchachas, casi desnudas, se han excitado por los sorbos de sus vasos ya vacíos. Me siento lujurioso mirándoles sus pe­chos desnudos bajo la tenue luz de esta habitación que nos aisla del mundo exterior y nos conduce al plus ultra erótico de estos instantes. Consulto el reloj y la tarde promete extender sus horas

más de lo habitual. Entonces nuestras miradas se posan en Maricela que hace un gesto involuntario, y se deja poseer por el hilo conductor de su historia apenas interrumpida.

Al percatarme de la hora, me aseé rápidamente. Juro que casi enloquezco pensando en el bochorno de mis padres si casual­mente se enteraran de mis pasos. Me aterró la idea de perder la entera libertad con que podía ir y venir a la escuela; por eso le pedí a Gloria que me acompañara. Al llegar a casa, les dijimos a mis padres que se nos fueron las horas oyendo música en casa de N elida, quien vivía en el otro extremo del pueblo. Al parecer no sospecharon nada.

Durante los días siguientes me puse gasas; no quería dejar huellas. Luego desaparecía los envoltorios en los tanques de ba­sura de otros vecindarios. En la escuela noté cambios en la mira­da de los varones, ¿acaso sería por el brillo en mis ojos y la ex­presión de mi rostro? Días después, Ernesto pasó por la escuela en horario de receso. Me escondí tras una columna y esperé a que se fuera. Juro que al verlo me temblaron las piernas, pero no po­día seguir dándole curso a aquella situación, pues mis padres aca­barían por enterarse; además, él continuaba siendo novio de Glo­ria, o al menos, su pareja estable.

Maricela me hace un gesto. Aprovecho para servir otra ronda del licor de menta que nos ha calentado el cuerpo. Ella sorbe un trago mientras los ojos se le encienden. Una leve excitación co­mienza a poseerme. Ya está lista para exorcizarse. Mira hacia la puerta, luego al reloj. Se nota impaciente. Quizás espere a al­guien que no conocemos porque una sonrisa maliciosa se vislum­bra en su rostro; o tal vez alguna idea malévola para sorprender­nos y darle más sazón a esta reunión sui géneris. Unos segundos de suspenso mientras todos bebemos, casi a la vez, pequeños sor­bos bajo el juego incitador de las miradas. De repente unos to­ques en la puerta. Maricela acude al llamado y aparece en el um­bral una muchacha apetecible quien no se inmuta ante nosotros, más bien se acomoda a la situación imperante y sonríe picara

(…)

 

21/02/2009 23:41 Autor: luisamauryrodriguez. #.

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