Sin dolor ni remordimiento. (Un comentario sobre el film El cuerno de la abundancia)

He de confesar mis respetos por la opinión del crítico de cine Joel del Río, y aunque no siempre he coincidido con sus apreciaciones, aceptable es compartir puntos de vista diferentes.
Sin embargo, en esta ocasión, he de disentir a propósito de su comentario publicado el 11 de febrero de 2009 en el sitio web de Juventud Rebelde, “(…) no estamos de ningún modo ante la continuación irrestricta y complaciente de corrientes genéricas y caminos trillados”. Pero creo todo lo contrario, como él mismo aseverara en su columna, es un pastiche además de cintas predecesoras, también de la realidad diaria del cubano, pues a pesar de la mucha ficción del film, a todos nos ha tocado de cerca toda esa miseria, desesperanza y desesperación en espera de la(s) “herencia(s)” que pueden ser muchas e interpretadas de diversos modos.
Las fórmulas son iguales, sí, la diferencian la convergencia entre el actor que habla directamente a la cámara, la intervención del dibujo –más que historieta– intertextualizador, y por supuesto, el guión que completa en texto la ausencia poética de algunas escenas; pero más que recrear, como dije antes, lo que hace es “refrescar” la lucha diaria del cubano, la vida tan difícil que hemos tenido que enfrentar, y las adversidades que trae el refrán de marras: pueblo chiquito…
¿Será qué lo único que pasa la censura en Cuba es la comedia, nuestra realidad, la ridiculización del cubano en cualquier caso y momento?, ¿ O es que “la película de Juan Carlos Tabío [que] es probable que sea vista por los espectadores del año 2109”, el único legado con que podrán contar es el propio espíritu de burla y seguir adelante a pesar de todo, que para entonces habrán heredado?
Mis respetos por Joel del Río, Senel Paz y Juan Carlos Tabío, el primero por ser un crítico certero aunque a veces no concuerde con él, los segundos por ser creadores de probado talento y experiencia, pero con honestidad creo que es una película de esas que podemos olvidar sin dolor ni remordimiento.
